Mis Diarios de Motocicleta

By | September 11, 2025

Mi primer año de estudiar en Filadelfia, en los años 70, un amigo mío en el edificio de mi dormitorio me dijo que él tenía una moto que había dejado en Carolina de Norte. Él iba a mandarla a Filadelfia, pero me dijo era demasiado caro de hacerlo.

Yo recientemente llegué a la costa este de los EEUU por primera vez y nunca había estado en Carolina del Norte, por eso me ofrecí como voluntario para manejarla a Filadelfia, si él pudiera enviarme para allá.

A él le gustó esta oferta, y creyó una idea excelente. Era muy barato para volar a Durham donde vivía su hermano y donde estaba su moto. Y volé a Carolina.

En el aeropuerto. conocí al hermano y su esposa y pasé la noche en su casa para estar listo para salir en la mañana. Carolina me pareció linda, como primavera en Canadá, pero con árboles más pequeños.

Debo confesar, mientras escribo hoy, que nunca había conducido una motocicleta, pero pensé ‘¿qué tan difícil puede ser?’

Y a la vez, ellos tenían que confesar, la moto fue una Honda50, más como un escúter. No fue una moto de verdad. Por eso, tenía que cambiar mis planes. No pude utilizar las carreteras rápidas porque esa máquina no podía alcanzar la velocidad mínima.

Cuando nos levantamos, tuve dos horas para aprender a conducir la Honda50 en las calles de su barrio. La velocidad máxima era de unas 40 millas por hora. Como una película en cámara lenta – eso fue mi entrenamiento. Después el almuerzo, estaba listo para viajar.

Probe la carretera con cuatro pistas de la primera salida, pero con cada camión de tráiler que me pasaba tuve un viento que casi me hace volar fuera del borde de la carretera. Debe haber una manera más segura.

Había una carretera vieja, el Highway1, que era la carretera principal del sur hasta el norte. Fue de dos pistas, muy comercial con muchas tiendas, talleres de autos, bombas de petróleo, restaurantes y moteles (fondas con estacionamiento). Todas las tiendas con sus avisos en neón. Había semáforos a menudo y la carretera pasaba entre la mitad de cada pueblo o aldea. Y cada uno tenía su proprio límite de velocidad, pero una velocidad apropiada para mi máquina.

Un viaje que pensaba que duraba un día y medio, ahora iba a ser de tres días y dos noches. No iba a montar esta máquina en la noche. Si, la máquina tenía una lámpara, pero no quería ser demasiado audaz en mi primer viaje de larga distancia por motocicleta.

Llegué al sur de Virginia el primer día. Cuando el sol empezaba bajar, yo vi un motel a lado de la carreta que a mí pareció barato. Entré en su estacionamiento y caminé hasta la recepción. Pregunté si tenían una habitación para la noche y cuánto costaría.

El empleado me miró confundido. Me miró de arriba y abajo, revolvió algunos papeles y luego levantó la vista y me dijo que no tenían habitaciones. “Pero,” dijo él, “hay otro motel como una milla adelante que puede tener una habitación.”

Que subía yo. Solo un estúpido canadiense que nunca ha estado en el sur.

Volví afuera a mi máquina poderosa, y salía al norte por la carretera buscando el próximo motel, en una carrera contra la puesta del sol. El próximo, de verdad, tenía habitaciones buenas y baratas y me quede allá

La noche siguiente, me quede a cerca de Washington, DC, sur de la ciudad. Tuve problema con una fuga de aceite del motor, y tenía que poner más aceite en el motor cada dos horas. El próximo día, llegué al atardecer a Filadelfia. Fui al estacionamiento de nuestro edificio debajo de nuestra residencia y dejé mi poderosa compañera.

Estaba muy cansado. Fui al dormitorio de mi amigo para decirle de mi llegada con su moto. Misión cumplida. Le avisé del problema de la fuga de aceite. Él quería verlo inmediatamente. Bajamos al estacionamiento para inspeccionarla y ver qué podíamos hacer para repararlo.

Fuimos al estacionamiento, ahora oscura, donde dejé la moto en una esquina próxima las escaleras. El estacionamiento estaba vacío. No había nadie. Nuestros pasos hicieron ecos en el piso de cemento mojado.

Empezábamos trabajar con la moto, desarmábamos la carcasa alrededor del motor. Nos concentramos en repararlo para funcionar sin fuga de aceite. En este momento, oímos una voz, nerviosa, ¡temblando y gritando “Ustedes! ¡No se mueven! ¡QUIETOS!”

Lentamente nos volvimos a ver un guachimán de la universidad en su uniforme, ligeramente agachado, con un arma apuntándonos directamente. Su mano temblaba un poco. “¿Qué están haciendo?” exigió.

“Reparando esta Honda50. ¡Soy el dueño!” dijo mí amigo. “Esta tiene una fuga de aceite.”

El tipo con la pistola pareció relajarse un poquito y pidió la identificación. Los dos de nosotros teníamos tarjetas de estudiante que le presentamos al guachimán. Y, al final, el bajó su arma y se pasó en su vaina.

El tipo murmuró algo sobre que había habido muchos robos en la residencia y que su trabajo era asegurarse de que no ocurrieran otros robos. Y se fue vagando.

Ay ¡que vaina!

Yo estaba en un estado de shock. Por un lado, por estar cansado y el otro por la primera experiencia en mi vida tener una pistola dirigida a mí.

Hicimos un poquito más de trabajo de reparación en la moto. Ya estaba oscuro, así que subimos a nuestras habitaciones. Estaba realmente cansado y todavía un poco afectado por haber estado al otro lado de un arma sostenida en una mano temblorosa.

Mas tarde, hablé con mi compañero de habitación que es de Baltimore y con raíces africanas y le expliqué mis aventuras. Cuando yo explicaba el cuento del motel en Virginia donde no podía obtener una habitación, él empezó a reír a carcajadas por unos minutos.

“Tú eres de verdad un canadiense estúpido,” dijo él, “no sabes tú que tú paraste de un ‘colored hotel.’ No fue sorpresa que no tenían habitación para ti, tan blanco que tu es.”

Yo no tenía n.p.i. de eso o de lo que él hablaba. No teníamos nada para comparar en Canadá. Él le explicó cómo fue y yo trataba de entender mí equivocación.

Aparentemente, no permitir personas blancas no es una política en muchos lugares, solo los EEUU, así como en lugares del sur de los EEUU que también no permite personas de color.

Así fue como aprendí dramáticamente que Estados Unidos era fundamentalmente una cultura muy diferente a la de Canadá, a pesar de tantas similitudes superficiales. Todo en un par de días. Menos tiempo que necesitaba Che para descubrir las desigualdades sociales en el sur.

Años después, cuando vi la película “Green Book” finalmente entendí lo que me habia dicho mi compañero. La segregación en EEUU es una tradición social de exclusión y se tardó mucho más, aunque después de cambias en las leyes.

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